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TRABAJO CON PEQUEÑOS PRODUCTORES FAMILIARES
“En Ibarra, la solidaridad que se ha manifestado es muy fuerte en lo que se refiere a sostener a una comunidad”
Andrea Maggio, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), focalizó su trabajo de post grado en la localidad de Ibarra, basado en las distintas realidades de la agricultura familiar, del chacarero pequeño y mediano productor, que está inmerso en la realidad de lo que se llama la agriculturización o sojización.
“Trato de ver cuáles son las factores que toman fuerza en las decisiones que toman estas familias para mantenerse como productores. Creo que, sobre todo, pasa por un aferrarse a lo que se sabe hacer, a una decisión de mantener un capital donde lo tienen y no trasladarlo a otras formas patrimoniales como podría hacer otra actividad comercial”, sintetizó Maggio.
Andrea Maggio trabaja en el INTA, en la nueva unidad llamada Agricultura urbana y peri urbana para el área metropolitana de Buenos Aires, que es algo muy reciente que se ha iniciado y también innovador para el instituto porque “es la inserción de la institución en el ámbito del conurbano bonaerense. Es un emprendimiento que recién se inicia y estamos bastantes entusiasmados porque hasta el momento, esa realidad, era trabajada casi con el programa Pro huerta, salvo algunos casos de pequeños productores del área más rural como Luján, General Rodríguez o el gran La Plata. Ahora, toda esa área está siendo abarcada por esta nueva unidad”, dijo Maggio.
La Noticia
Andrea Maggio (INTA)
Con relación al trabajo que realizó en la localidad de Ibarra, se relaciona con su trabajo anterior cuando desempeñaba funciones en el Centro de Investigación para la Pequeña Agricultura Familiar (CIPAF) que tiene un instituto especializado para la región pampeana que investiga, en forma focalizada, la pequeña agricultura familiar. Este instituto de la región pampeana que tiene su sede administrativa en Villa Elisa, cerca de La Plata “toma la realidad de la región pampeana abarcando Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba y La Pampa. Dentro de lo que son las distintas realidades de la agricultura familiar de la región pampeana cabía la del chacarero, pequeño y mediano productor pampeano que hoy está inmerso en esta realidad de lo que se llama la agriculturización o sojización. En esa realidad, es que yo me planteo un trabajo de investigación para mí post grado, en el área de Bolívar y en el transcurso del mismo decidió focalizar en la localidad de Ibarra”, explicó.
-¿Por qué decidís elegir Ibarra?
-En principio, el Partido de Bolívar es el que más unidades de pequeña escala y de manejo familiar tiene en la provincia de Buenos Aires. Según el censo y un trabajo especializado, discriminó dentro de lo que es el centro, tres tipos de productores, entre ellos, el familiar y el pequeño productor de subsistencia, define que dentro de lo que son las áreas rurales, el Partido de Bolívar tiene más del 70 por ciento de pequeños chacareros y con una incidencia muy importante de productores que son familiares en el sentido de que son gestionados por sus propios dueños. A eso la realidad de la región nos indica que muchos han dado sus campos o parte de los mismos en alquiler para ya sea contratistas locales, de la región o pools de siembra para sean quienes produzcan sobre esos campos.
Aún así, si esta es la tendencia más fuerte y más general, hay productores y chacareros que siguen persistiendo y resisten a esa situación haciendo parte o toda la producción de su campo, incluso salen a arrendar otras tierras y de esta manera subsisten y generan estrategias para mantenerse como productores en principio y para que el ingreso familiar sea fundamentalmente desde el sector agropecuario.
-¿Específicamente hacia adónde apunta tu investigación?
-Trato de ver cuáles son las factores que toman fuerza en las decisiones que toman estas familias para mantenerse como productores. Y focalizo en Ibarra porque tiene una historia que tiene que ver, si bien es reciente pero muy intensa, con una gran estancia que era de Juan Francisco Ibarra y que a fines de los años cuarenta y principios de los cincuenta, con leyes especiales de arrendamiento en principio y después de expropiación o de facilitación de los campos, se les otorga la propiedad a los arrendatarios que en muchos lugares se los llamó colonos, la mayoría de descendencia inmigrantes.
Esta historia está muy latente en Ibarra, podemos decir que hoy estamos en la finalización de la segunda generación y comienzo de la tercera de aquellos abuelos que se instalaron en ese lugar, entonces trato, a partir de la memoria de la gente, recorrer un poco esas historias personales que también hacen a la historia del lugar, de cómo han ido cambiando sus prácticas en este tiempo y cómo estamos hoy, tratando de involucrar a los jóvenes para que me cuenten cómo se imaginan el futuro.
-¿Cuándo se empezaste el trabajo?
-El trabajo lo empecé a dos años, muy tímidamente y esté último año con más énfasis. En realidad, el trabajo consiste en la parte de investigación, tratando de buscar datos más estadísticos que no abundan y son bastantes difíciles de conseguir, a nivel localidad sobre todo, a nivel Partido de Bolívar hay más datos y con entrevistas a algunos productores para lo que me han orientado desde el agencia local del INTA, desde Federación Agraria local y después el boca en boca donde los productores se van diciendo quiénes están presentes y quienes no.
-¿En qué etapa está el trabajo hoy?
-Se podría decir que en realidad, con un taller que dí en la localidad, donde la mayoría de las personas ya fueron entrevistadas por mí, pero hicimos una actividad grupal, voy dando por terminado este relevamiento de información como para ya tratar de volcarlo en el documento final que tengo que escribir. También, se trabaja con marcos teóricos donde yo elijo un enfoque en particular que no está demasiado difundido pero sirve bastante para estas realidades más locales que se llama Sistema Agroalimentarios Localizados donde se trata de mirar no solamente la evolución productiva sino también cuestiones más de referencias históricas, culturales y en definitiva los que llamamos referencias de identidad, no siempre las decisiones tienen una lógica económica sino que a veces tiene otras lógicas donde intervienen los otros integrantes de la familia y la dinámica doméstica, entonces, tratamos de componer esa situación más integral y por eso también he realizado entrevistas a distintas instituciones que puedan haber estado acompañando este proceso.
-¿A priori qué conclusión se puede sacar cuando todavía haya gente que sigue resistiendo en localidades rurales pequeñas a pesar que podrían alquilar sus campos y venirse a la ciudad?
-Yo insistí bastante con el tema de los lazos históricos y lazos familiares o sociales. Evidentemente, eso aferra a las personas a lo que hacen y adonde viven. En las entrevistas, si bien esto no surge explícitamente, son muy pocos los que te lo dicen tal cual, pero surge igual; entonces, se nota que hay lazos que son, los que decimos no materiales, o lazos intangibles que aferran a las personas a lo que hacen y dicen yo no se hacer otra cosa. Hay un componente muy particular también para esta región que han sido las inundaciones, cuando en el resto de la región pampeana el éxodo se daba por una cuestión económica fundamentalmente, acá jugaba muy fuerte el factor natural con el tema de las inundaciones. Y ahí es como que cobra más fuerza lo que estoy diciendo porque no solamente los empujaba sólo un resultado económico sino también los empujaba el agua. Ahí en realidad, la mayoría de las estrategias han llevado a que las familias tengan una instalación en el pueblo, han comprado casas, parte de las familias están instaladas en la ciudad y lo que cambió fue la dinámica.
Quizá ya no residen en el campo, hoy el productor o quien produce de la familia, sea el padre, hijo o ambos, se trasladan del pueblo al campo y en esto, evidentemente juega un rol fundamental lo que es la modernización de las comunicaciones y de los medios de transporte. Ibarra está a 15 minutos en vehículo pero también en épocas de inundaciones eso estaba bastante obstaculizado en el sentido de que estaba el agua, no se podía pasar y aún así hicieron el esfuerzo de llevar los chicos a la escuela de Ibarra, no bajar la matrícula de la misma, hay historias realmente muy ricas.
Sin embargo, lo que está sucediendo es que fueron veinte años de inundación y no había un panorama claro mientras sus hijos crecían de cómo iba a evolucionar esto y como iba a avanzar la realidad del campo. La bonanza de estos últimos años ha hecho que algunos de los hijos que alguna vez tuvieron una voluntad de producir se hayan acercado un poco más al campo y veremos qué es lo que pasa con un panorama más favorable desde lo natural donde los resultados económicos podrían estar mucho mejor, aunque ahora pasamos de la inundación al extremo de la sequía.
Hoy, al preguntarles cómo se imaginan el futuro, tienen dudas si los hijos van a poder continuar y la mayoría se imagina un campo administrado desde esta dinámica: Compartido con otras actividades pero también es parte de la modernidad. En todo orden de actividades la mayoría de nosotros, estamos en estos momentos, tratando de diversificar nuestras tareas.
La tecnología también ha hecho de que sea más simple administrar los campos desde la distancia, con una supervisión somera. Seguro que me iré enterando de cuál es esa visión futura, sobre todo, desde los más jóvenes que no han estado tan presentes en mis entrevistas.
Creo que sobre todo pasa por un aferrarse a lo que se sabe hacer, a una decisión de mantener un capital donde lo tienen y no trasladarlo a otras formas patrimoniales como podría hacer otra actividad comercial o demás. Y después han buscado estrategias que lo siguen vinculando al medio agropecuario, como convertirse en contratitas, es decir, quizá se ha liquidado patrimonio o capital de producción como pudo haber sido la hacienda o alguna cosecha y la han trasladado a un capital de maquinarias para prestar servicios y eso es lo que están gestionando más los jóvenes. Pero son historias parciales que van construyendo una dinámica más local. El contratista también es una figura que ha estado históricamente en Ibarra y en Bolívar, no es que se ha generado ahora y esto tiene que ver la estructura agraria de la zona, pequeñas chacras donde no se llegaba a amortizar una maquinaria cara, entonces, buscaban ese servicio afuera. Estas son, a grosos modo, las conclusiones preliminares del trabajo donde lo que yo más rescato es que hay voluntad de permanecer y que se trata de estrategias, que son hombres de la ciencias sociales llaman más de reproducción social o familiar, que significa poder mantener a la familia, que ésta crezca y no sólo sea una reproducción del capital.
En Ibarra, las redes sociales han sido muy fuertes, la solidaridad que se ha manifestado es muy fuerte en lo que se refiere a sostener a una comunidad, un modo de vida como por ejemplo que sus hijos fueran a la escuela rural del lugar y todo un acompañamiento de estas familias a ese tejido social trate de sostenerse en el tiempo.
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tito (Visitante)
9/2/2009 11:39 AM
Se olvidaron en la nota nombrar a la gente que volvio a vivir a ibarra luego de las inundaciones que no son una ni dos y que inviertieron y viven alli, sumandose a los que estaban.