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VOLEIBOL
Al que madruga, Dios lo ayuda
Dos de los héroes bolivarenses de Villa Ocampo relatan las particularidades de la conquista y en especial, los partidos que ganaron a la madrugada.
El Abierto de Villa Ocampo llegó a su fin, con el título en manos de Bolívar por primera vez en su historia. Fue un campeonato exigente, ya que su fixture se aprieta a tan sólo cuatro jornadas, pero a la vez, atípico porque a diferencia de cualquier otro torneo, se juega a la hora en la que los pibes duermen.
Lucas Alborch, uno de los campeones, hizo referencia a esta singularidad: “Era raro porque nunca habíamos jugado a esas horas de la mañana. No nos gustaba levantarnos temprano o acostarnos a las 3 AM”, afirmó el bolivarense.
La disposición de tan sólo dos canchas para desarrollar los cotejos de una gran cantidad de equipos de ambas ramas hace de Villa Ocampo, uno de los certámenes anuales más atractivos. En la edición 2011, además, la humedad tuvo un papel fundamental. “A veces perdíamos la noción de la hora que era. Dormíamos antes y después de los partidos y había poco tiempo de descanso”, reconoció Alborch.
Sin embargo, los Aguiluchos nunca se excusaron por el agotamiento lógico que esto genera. “Se llega al domingo y se tienen que jugar cuartos, semifinal y final con un marco de mil personas. El cansancio se deja de lado. Además el rival está en la misma situación que nosotros, así que a la hora del partido uno se olvida que se durmió poco y solo quiere jugar”, afirmó Franco Miserantino, armador del campeón que ganó 9 partidos y registró sólo una derrota.
El oriundo de Olavarría, mejor levantador y jugador de Villa Ocampo, aseguró que el apoyo del público ayuda mucho: “Es muy lindo que la gente te felicite o se vaya contenta por el partido que vieron”.
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