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ERNESTO SNAJER EN EL BARCO PUB
“Me gusta más el resultado de nosotros tocando en vivo, que el resultado del disco”
Acompañado por Guido Martínez en bajo y Diego Alejandro en batería, Ernesto Snajer se presentó en formato de trío en El Barco Pub. Básicamente, su actuación se centró en la muestra de las canciones que forman parte de su nuevo disco, titulado “Bom Zapar”.
¿Cómo te acercas al piano y a la guitarra, teniendo en cuenta que no venís de una familia de músicos?
Sí, nada que ver, se dedicaban a cualquier cosa menos a la música. Pero estaba mí abuelo, que tenía una colección de discos bárbara. Los juntaba, no es que los coleccionaba, se los escuchaba a todos. Y también mi tía; recibí esa influencia muy grande. Después, a mi vieja también le gustaba la música, a mi viejo también, pero no escuchaba mucho. Y bueno, me empezó a gustar.
¿Enseguida comenzaste con una formación sistemática o eso te llevó un tiempo?
Al principio no era con sistema, estudiaba pero lo hacía como un divertimento. Me acerqué bien a la música, porque a veces hay chicos que lo primero que hacen es ir a un conservatorio, y a algunos les gusta pero otros se sienten un poco presionados y entonces dejan. Yo jugué varios años, hasta que cuando tenía 12, 13 años, la época en la que empecé el secundario, me metí a estudiar en serio, con sistemas, con métodos, con profesores.
¿Qué escuchabas, qué fue lo que te acercó a la música?
A lo primero de todo. Los Vétales, me hice fanático, era del fans club, tenía todos los discos, los posters, el flequillo, las botitas. Y me siguen gustando hasta hoy, toda la vida. Pero después empecé a sumar otras cosas, me empezó a gustar el rock de acá también. Era la época de Serú Girán, de Invisible. Lo que más me fanatizaba era Serú Girán. Y de a poquito me empecé a interesar en algunas cosas del tango, conocí a Piazzolla. Después conocí la música de Gismonti, más tarde me empecé a interesar por el jazz, después empecé a estudiar jazz. En un momento no me di cuenta y ya me interesaba todo.
¿Qué material estás trabajando y venís a presentar a Bolívar?
Estoy en trío con Guido Martínez, en bajo, y Diego Alejandro en batería. Ya es la tercera temporada que estamos juntos. Este trío es como una especie de síntesis de algo que era un cuarteto, con un quinto invitado a veces. Se fue dando así, y estoy súper contento con cómo suena. Estamos presentando el disco Bom Zapar, que se grabó en dos días en el mes de agosto, está recién salidito. Hicimos una gira muy linda en el mes de octubre, salimos todos los fines de semana y ya terminamos con este show que es el número once, antes de presentarlo en capital. Ahora tocaremos allá los cuatro viernes de noviembre. El disco recién salió, y el espíritu que tuvimos fue hacerlo rápidamente, pero no a lo loco, si no porque queríamos tratar de no volvernos locos, no hacer una cosa de muchas sobre-grabaciones y mucha sobreproducción. El concepto fue armar en un estudio muy hermoso que es el Circo Beat, en una sala muy grande, tocar varias veces los temas, elegir las mejores tomas, mezclar eso y dejar ese resultado.
¿Por qué Bom Zapar? ¿Ese nombre, sobre todo el zapar, tiene que ver con el espíritu del disco?
Sí, tiene mucho que ver. Nosotros cuando ensayamos, o cuando tocamos o cuando estamos haciendo algo, bromeamos todo el tiempo con eso, con zapar, y zapar, y zapamos. Y cuando uno se junta con amigos que no ve hace mucho… los músicos se comunican así, zapando, tocando cosas. Puse ese título haciendo referencia a ese estado de ánimo, al estar con amigos, tocando, y no hacerse demasiados problemas.
Cuando tocan en vivo los tres, supongo que se debe generar algo muy especial, una magia, una energía. ¿Eso se transmite a través de un CD, cuando se graba un disco?
Y, es muy difícil, creo que es lo más difícil. Si vos me preguntás, me gusta más el resultado de nosotros tocando en vivo, que el resultado del disco. El disco tal vez es más prolijo, tiene menos errores, porque cuando hay errores los reparamos, y en vivo cometemos errores, nos equivocamos. Pero también hay una calentura que en el disco no está. Por eso lo que tratamos nosotros tres fue decir "bueno, vamos dos días, nos metemos ahí (en el estudio de grabación) y que salga lo más calentito posible"
¿Cómo fue la experiencia de conocer a Egberto Gismonti, alguien con quien grabaste, y que influenció mucho lo que hacés?
Fue bárbara, bárbara. Primero fue como un sueño, porque yo lo admiraba un montón. Igual que como cuando era más chico y conocí a Pedro Aznar. Yo de chico me moría viendo cómo él tocaba en Serú Girán. Con Gismonti me pasó lo mismo: desde el primer disco que escuché me volví loco. Y un día me desperté y estaba en la casa desayunando con el tipo, entonces se me cruzaron todos los cables. Pero la experiencia fue bárbara, y aprendí un montón.
En el marco de una formación muy rigurosa y una carrera muy seria, bien orientada y en pleno crecimiento en términos de actuaciones y demás, ¿dónde queda jugar?
-En mí ocupa un lugar muy importante. Para mí es, casi fundamental, te diría divertirme con lo que hago. Porque todo el tiempo estoy tratando de acordarme por qué era que empecé a dedicarme a esto. Y cuando recuerdo eso veo que era porque amo tocar, amo la música, no podría trabajar de otra cosa. Soy una persona solamente estructurada para la música, para lo demás no; no me gustan los jefes, las estructuras, el poder en sí. Entonces trato todo el tiempo de no olvidarme de eso. Si me acuerdo de eso, me acuerdo de que cuando empecé a tocar era un juego. Sigue ocupando para mí un lugar importante tener sentido del humor, divertirme… Me encanta cuando los músicos que admiro son desacartonados, detesto la cosa solemne, seria ´al pedo´.
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