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Dr. Washington S. González - Médico Pediatra
“El despertar de la niñez, es algo extraordinario…”
En esta sección, “Perfiles”, y en este caso particular es uno de aquellos en que quienes lo hacemos sentimos una honda satisfacción por la tarea y justamente es originada por el protagonista de ella, un médico pediatra que nos atendió a nosotros y a nuestros hijos y de la forma más agradable, pero que mejor que escuchar un poco de lo mucho que tiene para contar:
“Me llamo Washington Severo González y nací en San Salvador de Jujuy el 15 de febrero de 1925.
De mi familia original conocí a mi mamá, Elvira Castañeda, y a una hermana 10 años mayor que yo, Alcira.
Mi madre era maestra, de aquellas “históricas”, porque jamás trabajó en la ciudad, fue maestra rural toda su vida, a raíz de ello recorrió (yo con ella), muchos lugares, la acompañé hasta que comencé la primaria, quedándome en casa de una hermana de mi mamá, Celia, que era obstetra.
Mis estudios primarios los hice en mi ciudad natal, en la Escuela Monteagudo, después pasé a otra escuela que, decían, era una de aquellas que donó el General Manuel Belgrano y que aun funciona con el nombre del General, luego estuve dos años en un Colegio privado y finalmente estuve en el Colegio Salesiano de Salta donde termino mis estudios primarios.
Durante el secundario en el Colegio Nacional de Jujuy viví con mi hermana que ya se había casado.
Después del secundario me vine a proseguir mis estudios a La Plata en el año `44. Lo de pediatría lo elijo después de haberme recibido. Hice una medicina distinta (a propósito nos exhibe una fotografía de una guardia completa del Policlínico Gral. San Martín donde aparece el Dr. René Favaloro).
Me recibo el 26 de diciembre de 1950. Uno de mis primeros destinos fue el pueblo de Gral. Lamadrid, donde estuve dos años y medio. Allí trabajé en un Centro Materno – Infantil, y fue en ese lugar donde comenzó mi contacto con los chicos. Trabajé con total intensidad tanto con chicos como con embarazadas. También en aquella ciudad trabajé como Médico Escolar. Luego regreso a La Plata con mi señora y con el mayor de mis hijos, Horacio, él y Mónica, mi otra hija, fueron nacidos en La Plata. Por entonces con un grupo de compañeros habíamos comprado una clínica Cruz Azul en Lomas de Zamora, en pleno centro. Recuerdo, por entonces, que el Dr. Arturo Alende, que fue gobernador de la Pcia. de Bs. As., cada vez que, por su actividad política se debía ausentar de la ciudad, nos pedía que nos ocupáramos de sus pacientes durante la ausencia, para colmo tenía pacientes de Banfield, Lanús.
Fue entonces que, sumado a la experiencia recogida en Lamadrid, iba a la mañana al Hospital de Niños de La Plata y, como hacíamos guardia dos veces por semana, el resto del tiempo lo pasaba estudiando, no sólo pediatría sino también cursos extraordinarios con maestros como Florencio Escardó y Juan P. Garrahan, ellos me dieron el último “toque”. Fue un muy buen momento para nuestro aprendizaje, ya que nos querían mucho y estábamos habilitados para conocer y participar prácticamente en todas las áreas del lugar.
Al tener que realizar mi tesis, quién se convertiría en mi padrino, el Dr. Caíno, fue él, precisamente, en una conversación que sostuvimos, el que me dijo que, de acuerdo a mi formación, estaba en condiciones de elegir la especialidad que más me agradara, por tener las condiciones que él exigiría a cualquier médico.
Fue entonces que decidí salir al interior a trabajar. Lo que no sabía era el problema con que me iba a encontrar que era el de vivienda ya que recorrí una importante cantidad de ciudades pero era casi imposible encontrar una vivienda, por entonces.
Por entonces no había la cantidad, que luego sobrevendrían de clínicas y sanatorios, era la casa con consultorio y el hospital, los lugares de trabajo.
Azul, Olavarría, Tandil, Mar del Plata, Bahía Blanca, Pringles, en La Pampa, en Gral. Pico, era increíble, pero fue así.
Fue entonces que lo de Bolívar se dio casualmente. A poco tiempo de recibirme, ya en el final, conocía a Jorge Fernández, hijo del Dr. Pedro Fernández López de Bolívar, que iba a comenzar Medicina y viviría con nosotros. Después de seis meses, más o menos, Jorge se dio cuenta que no le gustaba medicina y se fue a Bs. As. a estudiar lo que fue su profesión, arquitectura.
Casualmente, tiempo después lo encuentro a Jorge en la estación de La Plata y me dice que si tenía interés me venga a Bolívar y me presentara a su padre.
Agotadas tantas otras posibilidades, me tomo el tren a Bolívar y casualmente viajo con el otro hijo del Dr. Pedro Fernández López, Horacio, que volvía recién recibido de ingeniero y en la estación de Bolívar estaban esperándolo su hermano Jorge y Rubén “Pájaro” Herrera, recuerdo que no me dejaron ir al hotel y me llevaron a su casa. Y así fue, se produce mi llegada a Bolívar.
Recuerdo que la primer casa que habité fue en la calle Lavalle antes del agua corriente, que todavía está aunque ya reformada. Todo sucedió el 26 de abril de 1955.
La ciudad me recibió muy buen, era muy acogedora, muy tranquila. En aquel momento todo era más simple, Manuel Chatruc era Intendente y me permitieron ir enseguida al hospital. En el Centro Materno – Infantil estaba el Dr. Fuentes y cuando terminaba temprano en el Hospital, de pasada, iba al Centro mencionado. Después me nombraron médico de la Asistencia Pública, cuando estaba en la calle Arenales, allí ya no sólo hacía pediatría sino que era médico de guardia.
Después de la Revolución de setiembre del `55 me ofrecieron varios puestos porque no había médicos. Los más viejos ya no querían trabajar tanto.
Salvo el Dr. Gasparri que ya tenía otra cosa, además de su consultorio donde trabajaba muy bien.
Así entré al hospital y volví a ser Médico Escolar, que tenía mucho atractivo para mi por el contacto que originó un concepto que, con los años, se ratificó como muy válido. El contacto ya no sólo con el chico sino también con los padres que era muy importante. Por entonces recorría todo el distrito revisando a los chicos que entraban a la escuela y simultáneamente yo hacía ir a los padres. Lo hacía con mucho entusiasmo. Si bien esa tarea no estaba reglamentada en mis funciones, lo hice y, años después, recibí las felicitaciones de Salud Escolar de La Plata.
Disfruté mucho aquella etapa de mi profesión, porque la pediatría es muy vocacional, el despertar de la niñez es algo extraordinario.
En la profesión el postulado sobrepasa por mucho la intención de la salud física el niño, abarca todo lo demás, la preparación para todo lo que viene después.
Eso es lo que aplique a lo largo de mis años de profesión, en ese aspecto me siento muy tranquilo porque creo haber cumplido con todo lo que me propuse en tal sentido.
En ese sentido también me siento felizmente sorprendido porque he experimentado el encontrarme con ex – pacientes, ya hombres y fuera de Bolívar, y aquí, en Bolívar, en casa, muchos de ellos que aún se acercan para conversar, pedir algún consejo que no debería dar, también entonces siento una inmensa satisfacción porque veo que aún confían en la palabra de uno. Todo eso me llena de orgullo. También esos gestos fueron motivadores de otras cosas en mi vida y que con el tiempo sigo apreciando.
Es así que, además del profesional, está el ser humano que gusta de las bellas artes, de la música, en general toda me gusta, me gusta mucho leer de todo, aunque soy un seguidor de Jorge Luis Borges, me gusta escribir.
Sobre el hecho de ser un médico de “24 horas” creo que es una consecuencia directa de mi formación y mis formadores, que nos inculcaron el ser diligentes, estar al servicio del paciente, sea la hora que fuese.
Tengo que agregar que si, por otras razones, no podía concurrir adonde me llamaban, sufría, me quedaba mal, por no hacerlo.
No puedo dejar de hacer mención a mi familia, fundamentalmente mi señora, Chicha, que permanentemente no sólo soportó esa forma de trabajar sino que la alentó y fue su natural fortaleza mi mejor sustento para trabajar.
Aún hoy, sobreponiéndose al accidente que sufrió en los primeros meses del año, sigue con el mismo espíritu de siempre y los chicos, nuestros hijos, son como ella, muy fuertes.
Con respecto a mis hijos, Horacio y Mónica, los dos son pediatras, el primero se ha dedicado, desde hace un tiempo, a la investigación y Mónica hace psiquiatría infantil. Pero jamás ni mi señora, ni yo, los hemos inducido a que sigan esta carrera.
He tenido y tengo algunas distinciones que me demuestran el reconocimiento a mis años profesionales tanto en Bolívar así como algo muy valioso como la Sociedad Argentina de Pediatría, así como su filial del Centro que está en la ciudad de Tandil.
Considero que en Bolívar he tenido una buena vida de relación. Mis mayores amigos los hice en el Club Buenos Aires. No puedo dejar de mencionar aquel Fogón de los Viernes, que durante tantos años nos reunió y compartimos tanto allí.
De allí surgieron obras como el Campo de Deportes del Club Buenos Aires. De todos modos tuve buena relación con otros clubes y personas que pertenecían a ellos.
En general he tenido una buna relación con todos y hasta traté de apoyar con emprendimientos como Algás, como BISA, como todos.
Bolívar, con algunos tropezones, avanzó muchísimo. El pensamiento dominante, considero, que se ha abierto, debido a una mayor participación, la gente está más cerca de grupos institucionales que trabajan en función de Bolívar.
Hasta el hecho de contar con carreras universitarias ha ayudado en esa apertura que mencionó anteriormente.
Con respecto a la niñez debo decir que al haber tenido la suerte de ver trabajar a aquellas maestras rurales ha tenido un buen efecto en la niñez que pasó por sus aulas, más el aporte de la gente que se acercó a las escuelas de sus hijos a aportar cosas.
Creo que aún no se ha realizado el reconocimiento que aquellas maestras se merecen por la tarea desarrollada.
Con respecto a las expectativas por Bolívar y su futuro y por propia naturaleza soy optimista, creo que la ciudad seguirá creciendo, conviviendo en paz, con la tranquilidad que siempre tuvo.”
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Coco Cortondo (Visitante)
4/28/2010 5:46 PM
Dr. Washington Gonzalez, gran sorpresa para mi, encontrar su Perfil. Seguramente fui uno de sus primeros pacientes en Bolivar. Recuerdo mi infancia y mis visitas a su consultorio por problemas de asma. Me alegra saber que se encuentra muy bien. Siempre lo recuerdo como un Gran Medico. Saludos.
celia robles (Visitante)
3/28/2009 9:34 AM
El Dr. Gonzalez,fue mi vecino de la ciudad, y a quien respeto muchisimo, por haber asistido a mi Padre en el momento de su muerte, solo porque alguien lo necesito, sin cuestionamiento alguno en tanto a su especialidad . Un cariño muy especial tony
emita (Visitante)
5/4/2008 10:56 AM
El DR GONZALEZ...así con mayusculas, el fue mi pediatra y médico en la etapa adolescente...Un SR...además por él conseguí una beca que me ayudo para mis estudios universitarios...Qué honor el haberlo conocido!!!