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FRANCISCO ANTONIO ALABART
“Pese a todo soy optimista con Bolívar y el país…”
Hoy hablammos con Francisco Alabart (Quico), hombre al que conocemos de toda la vida y cuyo rasgo saliente ha sido, sin dudas, la participación en general y política en particular.
En estos tiempos en que transitamos advirtiendo un exacerbado individualismo que afecta a las instituciones intermedias, a la comunidad, gente como la que hemos elegido adquieren un valor muy por encima de sus errores, que, como seres humanos, seguramente tendrán.
La Noticia
Francisco "Quico" Alabart, ejemplo de dignidad bolivarense
“Me llamo Francisco Antonio Alabart y nací en Bolívar un 23 de setiembre de 1924. Mi educación primaria la hice durante tres años en la escuela Nº 6 y el resto, otros tres, en la Nº 1. Recuerdo de la Escuela Nº 6 a la maestra María Rosa Cremonte, casada con Humberto Bucciarelli, el farmacéutico; también tuve a Etelvina Cáceres y en la Nº 1, tenía, nada menos que, a Ventura Fernández López de Pérez, Ana María Taylor de García Cein, gran maestra, y Elena Calac de quienes tengo un gran recuerdo.
La infancia
Mi infancia fue, quizás, un poco opaca. Ya que mis primeros años lo pasé, hasta los 6, en el campo y después nos trasladamos a Sarmiento y Dorrego en Bolívar.
En casa éramos cinco hermanos, Josefina la mayor, después seguía yo, el tercero fue Luis, que está en Villa Regina, cuarto Eduardo el “Negro”, y la quinta fue Nélida “Negra” casada con Giambelluca y mis padres Antonio y mamá que era Luisa Deleonardis. Un hermano, Luis, fue el que fabricó el primer planeador en Bolívar.
Tengo pocos recuerdos de mi primer infancia en el campo como ser llevar el mate cocido a los que cosechaban o una voladura de techo en una tormenta que hizo que nos fuéramos a refugiar en casa de unos vecinos, los González Sosa y no mucho más.
Cuando termino mi primaria comienzo a trabajar en el `37 durante dos años en Casa Arenares y de allí pasé a Casa Maineri donde trabajé durante 24 años, empecé como cadete y terminé como contador, ya el gerente era Don Jacinto, el dueño.
La familia
En el `52 me caso con Enith Sarlo, con quién tuvimos dos hijos, Jorge Luján y José María.
Trabajé en una distribuidora de Coca Cola, también fui socio de Bedecarrás, que fue cantinero del Club Argentino en la Avda. San Martín. También tuvimos una despensa que después la continuamos con Hipólito Ochoa.
Desde el `54 me inicio como auxiliar impositivo, que debo ser, actualmente, el decano en esa profesión.
Recordar mis primeras influencias políticas debo nombrar en el año `35, en un gobierno conservador con algunos radicales, era presidente Ortiz y vice Castillo. En ese entonces, en una campaña política, vinieron en tren a Bolívar, la fórmula radical de la provincia, Ciri – Suárez y la gente fue a las plazas de la estación a esperarlos, había unos gauchos que formaban para homenajearlos, con sus banderas y como una escolta, yo fui a ver por curiosidad y recuerdo que un policía le pega un machetazo en la cabeza a Basilio Lopardo pero nosotros seguimos igual con toda la caravana de gente hasta la Plaza Alsina donde en una tarima habló el candidato.
Fue entonces que me sentí atraído por la idea. Hay que ver que entonces los partidos eran dos, conservadores y radicales, y quizás la idea radical más humana, a mi criterio, fue la que me atrajo y me sentí identificado.
Mi padre era español y adhería las ideas conservadoras y mi mamá fue lo mismo, un tío que también era conservador.
Así que fui la “mosca blanca” en la familia de entonces.
Después de la revolución del `43, cuando se abre el proceso electoral, el Comité Radical estaba en la vieja casa de los Roca, en la Avda. Brown, allí comencé a militar.
Fue “Lito” Santa María, el primero que me invitó y allí fui.
Participé activamente en la campaña aquella de Juan D. Perón versus la Unión Democrática (Tamboríni – Mosca), que mucho no nos gustaba. Ya anduve trabajando pintando paredes, pegando afiches, digo que a disgusto porque a nosotros nos gustaba Sabattini.
De allí empecé y ya no paré más, por lo que puedo hablar de más de 50 años de participación política.
Debo confesar que en mi personalidad existió siempre, una necesidad de participar, de tener una intervención activa en lo que me gustaba, así fue que también fui dirigente del Club Argentino, del que fui simpatizante siempre.
Cuando volvíamos del servicio militar, lo hice con un amigo como Rogelio Pascual, y fue él que me invita a acercarme al club.
Fui secretario, también delegado en la Liga Deportiva de Bolívar y hasta fui delegado en la Asociación de Básquet, aún cuando jamás había tenido ni cerca una pelota de ese deporte.
Mi intención, siempre, fue que si me metía era para hacer algo, jamás para calentar una silla o simplemente para figurar socialmente.
Tampoco ambiciones personales.
Fui concejal varias veces, una me duró unos pocos meses en el `55. Éramos tres radicales y seis por el oficialismo y yo era el tercer concejal, los otros eran Lito Santa María y Félix Marsiglio.
Por entonces el Concejo Deliberante ara un poco más que un grupo de vecinos que se reunían (ad-honorem), para convalidar lo actuado por el Ejecutivo y me hice sentir pese a lo poco que estuve porque en setiembre vino la Revolución Libertadora y nos mandó a casa.
Recuerdo entonces que se organizaron los actos pero como el presidente del otro bloque lo politizó, el Dr. Reynaldo Longobardi, yo hice lo propio y me quitaron la palabra, fue bastante cómico.
Nosotros, por entonces, andábamos pegando carteles y pintando cuando venían los milicos y nos llevaban. Una vez estábamos pintando en San Martín y Lavalle y sale de Independiente Rifé, que era concejal, para saber lo que hacíamos y como le contesté un poco duro, vino al rato con la policía y nos quisieron llevar presos, pero como Jacinto Maineri que estaba en el Club Social se enteró, por Juan Villanueva, y no permitió que nos llevaran.
Fue una época muy dura, de mucha intolerancia.
El hacerme sentir en el Concejo Deliberante me costó en aquellos años de los `50 ir al calabozo con don José Castellá, con Lito Santa María, Carlos Calac, varios opositores entre radicales y conservadores.
De movida nos metieron en unos calabozos muy pequeños y me tocó estar con José Castellá y nos sentábamos cruzados con las piernas al revés para entrar.
Por entonces había un señor comisario, creo que Taboada de apellido, que nos trató muy bien. Pero como se produjo la Revolución Libertadora, nos tuvieron que soltar inmediatamente.
Entre la comida que nos llevaban recibíamos información de lo que sucedía “afuera”.
Recuerdo, como algo desagradable, que a Lito Santa María se le murió una hermana y pese a nuestros pedidos no lo dejaron ir.
Casi en los `60 es Erreca intendente y yo soy presidente de bloque de concejales.
Ya en la campaña de aquel gobierno los radicales decidimos, de triunfar en las elecciones, de entregar los activos a la Cooperativa Eléctrica de Bolívar que se había formado pero aún no tenía nada.
Hubo algunas contras a este hecho, aún de algunos radicales, pero nos asesoramos bien con el ex – integrante de la Corte Suprema de la Provincia, Emil Mercader, y, después de escucharnos, decidió impulsar lo que queríamos, entregar todo a la Cooperativa. Y así fue.
Pese a que, en aquellos años, se produjo la primer división del Partido Radical, en la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente) que comandaba Arturo Frondizi, militaba alguien con quién quizás no coincidimos políticamente, el Dr. Godi Carballo, sin embargo conformamos un lazo de amistad muy profundo y de mucho respeto hasta su muerte acaecida muy joven aún.
Posteriormente, en la década de los `70, en el lapso del `73 - `76 fui secretario de Hacienda del Intendente Francisco Ravassi.
Tuve, a lo largo de los años, una buena relación con los adversarios políticos de entonces, aunque en esos años (`70) había una cierta rispidez política, pero no se llevaba a los planos personales.
En esos años el partido opositor era el FREJULI (Frente Justicialista de Liberación) y el presidente de su bloque era don Pedro Peralta.
La Carta Orgánica decía en algún punto que debíamos concurrir al Concejo cuando ellos lo solicitaran, pero personalmente decidí, entonces, ir a todas las sesiones y daba la cara en lo que necesitaran.
Hay una anécdota muy interesante. En los `50, los concejales no cobraban, pero al finalizar su mandato se les regalaba una medalla de oro; al estallar la revolución de setiembre del `55, el militar que vino a cargo las confiscó y las guardó. Cuando asume Ravassi, las encuentra y luego de citar a los concejales de aquellos años, yo entre ellos, se las entregó.
Hablando de la política en general, creo que hay una bisagra en la historia argentina y se da en el período de gobierno que termina María Estela Martínez de Perón, allí cambian los pensamientos, las ideas, las formas, hasta en nuestro partido cambiaron muchas cosas.
En los `60, en los `70, todavía se respetaba al político, al que militaba, por supuesto que nosotros también respetábamos a los demás.
Siempre pudo haber algún “distraído” que se llevaba algo a la casa, pero no era común, no era habitual y no alcanzaba para cubrir de sospechas a todos los políticos.
También la gente que participaba tenía algún grado de preparación que, quizás, hoy no lo tengan.
Las “internas” radicales eran y fueron muy duras, porque éramos muchos hay que decirlo, de todas maneras con respeto.
Pero no fue bueno en las últimas elecciones presidenciales en que fue una interna de un solo partido dividido en tres.
Nunca, en mis años de política, vi algo semejante y lo que vino después, uniéndose los que se decían barbaridades hasta en el plano personal.
Es cierto que hoy se advierte una indiferencia de la gente, un individualismo exagerado, pero tengo la esperanza que se pueda revertir tal situación, más, creo que ya hay grupos de jóvenes que están acercándose y pretendiendo lograr su lugar y eso es muy bueno en la medida que los dejen.
Yo le pediría a esos jóvenes que se interioricen de lo sucedido, que lean, que comparen, y que no tenga miedo a ser escuchado.
A la Argentina le veo un buen futuro, pese a lo mal que vamos, porque lo bien que parece que nos va es una cuestión mundial, más allá de quién ocupe la Presidencia de la Nación, el asunto es saber aprovechar a esa situación.
Entiendo que el país ha cambiado pero hay una cosa importante, los actuales líderes de América Latina, se unen, más allá de las ideologías, y pretenden con acierto un MERCOSUR más fuerte y unido.
Hay un claro sentido americanista.
Con respecto a Bolívar también soy optimista. Ha habido un cambio evidente en los últimos 8 ò 10 años. Porque Bolívar tiene un potencial más que interesante.
Yo la noto cambiada a la ciudad y para mejor.
Pero aún con algunas fallas del partidismo exacerbado y los deseos de ocupar la Municipalidad, creo que Bolívar y el país tienen un buen futuro.”
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